BELMOND ANDEAN EXPLORER
La Bunk Bed Cabin es
la más pequeña del tren, diseñada para su uso diurno y nocturno.
El Andean Explorer ha sido reconocido este año como la mejor travesía en tren por el Andrew Harper’s Hideaway Report.
El tren más lujoso de Sudamérica recorre los extraordinarios parajes andinos del sur peruano.
Son las once de la mañana en el Ombligo del Mundo. Es agosto y hace frío, aunque el sol se alce y alumbre imperiosamente sobre Cusco, la antigua capital de los incas que, en efecto, era el centro del universo que ellos conocían. Estamos a punto de abordar el Andean Explorer (El Explorador Andino), para un recorrido de unos 700 km, que durará tres días y dos noches. El itinerario se llama Peruvian Highlands (Alturas Peruanas) porque atraviesa parte de las regiones más altas de Cusco, Puno y Arequipa —principalmente la meseta del Collao, constituida por el altiplano andino con una altitud media de 3800 m— y pasa por algunos de los paisajes más sensacionales y agrestes del territorio meridional.
Abordamos el tren sin tener que preocuparnos por nuestro equipaje. El personal ya se encargó de llevar nuestras pertenencias a las respectivas cabinas. Nos acomodamos en el Coche Lounge, decorado con elegancia donde, en un extremo, hay una barra con muchas botellas de champán a punto de ser descorchadas y en el otro un piano de cuarto de cola, atornillado al suelo del vagón, para que un músico nos acompañe durante la noche con melodías clásicas y universales mientras la euforia embotellada hace lo suyo. Los pasajeros se van acomodando y cuento mentalmente. Veo que somos unas cuarenta personas procedentes de países como Bielorrusia, Bolivia, Brasil, Estados Unidos, Inglaterra, Pakistán, Perú y México. Hay familias, parejas y personas que viajan solas, todas con la misma expectativa: realizar una travesía memorable.
El tren parte mientras nos sirven el champán y los viajeros dejan de lado su reserva y timidez iniciales para empezar a cruzar miradas y conversar con sus vecinos. Un coctel, esta vez en el Coche Observatorio —el otro bar del tren— nos abre el apetito para degustar la primera experiencia gastronómica a bordo: el almuerzo consiste en choclo con queso, seguido por un filete de corvina acompañada de habitas con aromas de muña, yogurt de cítricos y caldo de cebollas. De postre, cara cara (un cruce de dos frutas derivadas de la naranja Navel o de ombligo) pochada con cardamomo y tomillo, mousse de chirimoya y granola andina. Diego Muñoz, el chef que estuvo a cargo del Astrid & Gastón en Lima durante unos años, es quien diseñó la carta del tren. Un equipo de cocineros, encabezado por Carlos Risco, es el responsable de elaborar cada plato, incluyendo la pastelería y panadería. La cena también será una experiencia única.
El Andean Explorer es heredero del estilo suntuoso del legendario Orient Express: el Expreso de Oriente, de la Compagnie Internationale des Wagons-Lits. Esta empresa fue fundada por Georges Nagelmackers, un joven visionario belga de 25 años, descendiente de una familia de banqueros, a quien se le ocurrió construir un tren de lujo que cruzara Europa cuando viajar aún era un asunto complicado y riesgoso, después de quedar impresionado por los trenes Pullman que conoció en los Estados Unidos. Junto a ello, también empezó una cadena hotelera de lujo, cuyas propiedades sirvieron de hospedaje a sus pasajeros a lo largo de la ruta. En 1883, el Orient Express inició operaciones en el primer tramo de este tren con camarotes entre París y Viena, aunque su fama se cimentó en la famosa ruta París-Constantinopla (Estambul). El Orient Express ha inspirado pasajes en novelas, películas y crónicas de viajes: desde el irlandés Bram Stoker, autor de Drácula; Paul Theroux, el célebre cronista estadounidense que dedicó un capítulo en su libro El Gran Bazar del Ferrocarril, hasta la novelista inglesa Agatha Christie quien, en 1934, escribió Murder on the Orient Express (conocido en Hispanoamérica como Asesinato en el Expreso de Oriente), que tiene por escenario el célebre tren y también fue llevado a la pantalla grande. En 1977, la empresa fundada por Nagelmackers dejó de operar la ruta que la hizo famosa. Cinco años después, el acaudalado empresario estadounidense James B. Sherwood compró en una subasta dos de los vagones originales del célebre tren y ése fue el comienzo de varias adquisiciones de coches vintage, que este hombre finalmente puso a buen uso en 1982, cuando inició operaciones entre Londres y Venecia con su empresa Venice Simplon-Orient-Express (VSOE). Hoy en día el tren, al igual que el Andean Explorer, son parte de Belmond, el nuevo nombre del conglomerado mundial de hoteles, cruceros fluviales y trenes de lujo, conocido anteriormente como Orient-Express Hotels Ltd., que se formó en 2014.
Después del opíparo almuerzo, la primera parada del tren es en Raqchi, un sitio arqueológico ubicado a un par de horas al sur de Cusco. Ocupado por los incas entre mediados de los siglos XV y XVI, este lugar tiene edificaciones impresionantes que se empezaron a construir durante el reinado de Wiracocha (1400? – 1438), octavo gobernante del Curacazgo inca, antes que su hijo y sucesor, Pachacútec, lo convirtiese en imperio. Pero los arqueólogos han encontrado algunas evidencias que Raqchi fue ocupado por asentamientos preincaicos a partir del año 200 a.C. hasta 1450 d.C., entre los que destaca la civilización andina Wari, que floreció aproximadamente del s. VII al s. XIII d.C.
De vuelta al tren, es la hora del té que resulta un preludio ideal para la siguiente parada en La Raya, el abra que marca el límite entre las regiones de Cusco y Puno, a 4300 m de altitud, el punto más alto de la travesía. Ya casi no hay luz natural, pero la gente celebra salir del tren, a pesar del frío, para apreciar una capilla que está al costado de la vía férrea, totalmente iluminada con velas, mientras disfruta una taza de ponche. Una vez más a bordo, repetimos el ritual de los cocteles y una cena exquisita mientras el Andean Explorer sigue su destino hasta llegar a la ciudad de Puno, donde nos toca descansar: los huéspedes, el personal y la máquina. A las cinco de la mañana se vislumbra el albor sobre el Titicaca, el lago navegable más alto del mundo, a 3800 m de altitud.
Observar el amanecer a orillas de este inmenso cuerpo de agua de donde, según la leyenda, emergieron Manco Cápac y Mama Ocllo para fundar el imperio de los incas, es la primera actividad del día. Mientras tanto, este cronista se apresta a recorrer los vagones del tren y su sobria pero elegante decoración.
El diseño de interiores del Andean Explorer estuvo a cargo de Muza Lab, un estudio especializado con sede en Londres. “Diseñamos viajes”, explica Inge Moore, fundadora de Muza Lab, durante una conversación posterior. “Hemos recreado el romance, la nostalgia y la libertad de viajar en tren”. El Andean Explorer contiene muebles que reflejan la herencia y riqueza natural del Perú, en ambientes con colores tenues. “Nuestra visión fue diseñar un lugar donde meditar y soñar, un espacio desde el cual contemplar la belleza del paisaje que pueda llenar el alma”. El tren tiene 16 vagones con una capacidad para 48 pasajeros. “Basándonos en las gamas de colores y texturas del terreno majestuoso, así como en la artesanía y arte locales, hemos desarrollado un concepto discreto de lujo atemporal. Incluimos elementos nostálgicos y selectos del original Great South Pacific Express —un tren de lujo australiano que operó entre 1999 y 2003— que han sido restaurados o añadidos como emblemas de la época dorada de los recorridos por ferrocarril. El Andean Explorer fue diseñado con todas las suntuosas comodidades que los huéspedes esperan tener en un viaje inolvidable”, detalla Moore, premiada en reiteradas ocasiones.
Después del desayuno, nos dirigimos al muelle de Puno y zarpamos en una embarcación privada hacia las islas flotantes de los uros, donde algunas horas nos permiten conocer a los pobladores de esta etnia milenaria. Las islas son construidas con totora, una planta acuática que ha sido usada durante miles de años en la región andina para fabricar también embarcaciones. Existe una veintena de islas que los uros han habitado por siglos, de manera precaria. Hoy en día subsisten gracias a la venta de artesanías y experiencias vivenciales que ofrecen a los turistas. Es una cultura que, desafortunadamente, va desapareciendo por los impactos de la industria turística y la modernidad a la que se adecuan, dejando atrás sus tradiciones ancestrales. La ruta prosigue hacia la isla Taquile, donde desembarcamos en la playa Collata para conocer a los famosos tejedores y danzantes de este lugar. Desde un mirador en lo alto de la isla, se puede divisar la Cordillera Real, una cadena de montes nevados hacia el este, en territorio boliviano, y la inmensidad del lago que nos rodea. Durante la tarde estamos nuevamente a bordo del tren. En el piano bar, encuentro a Mary Gostelow, una bloguera inglesa de turismo de lujo, autora de girlahead.com donde cuenta sus apreciaciones sobre los viajes que realiza alrededor del mundo. “Lo que se logra con el Belmond Andean Explorer es poder ver partes del Perú que otros no logran alcanzar a visitar, conocer gente fabulosa con intereses en común y compartir una variedad de actividades”, escribe días después sobre este periplo. Ya de nuevo en movimiento, llega la hora de la cena: un amuse-bouche de agua de vegetales y coliflores caramelizadas, tortellini de alpaca en consomé, magret de pato con betabeles del Valle Sagrado con saúco y salsa de trigo. Para culminar semejante festín, un clásico peruano: arroz con leche y mazamorra morada, fresas y piñas al horno con manzanilla. Bon appétit.
A estas alturas, los compañeros de viaje conversan como amistades entrañables después de compartir unas 72 horas juntas en una travesía impresionante. Una familia mexicana, de cuatro hermanas y sus respectivas parejas e hijos, viaja en el tren. Daniela Velasco González, una de las hijas, fotógrafa residente en la ciudad de Nueva York y cofundadora de la revista Drift sobre el mundo del café, me cuenta: “Como nunca había estado en un tren de lujo, ha sido muy interesante observar el cambio de paisajes. Pasamos por pueblos, entre montañas, llegamos al Lago Titicaca, vimos alpacas y vicuñas pastando. Ha sido una manera de admirar, conocer y fotografiar regiones del Perú a las que no hubiera llegado de otra forma”.
Margarita Dreyer, una bielorrusa que vive con su esposo Jon hace muchos años en Boston, Estados Unidos, me escribe meses después del viaje: “Teníamos expectativas muy altas pero cada detalle del Andean Explorer las excedió. Desde el principio, fue toda una experiencia. Quedé muy impresionada por la cabina. La comida estuvo exquisita. El servicio de altísimo nivel en el comedor, el bar y hasta en el lounge donde tocaron música en vivo. Las excursiones estuvieron organizadas de forma impecable. Uno de mis grandes recuerdos de aquel viaje es cuando nos reunimos en el coche del bar personas totalmente ajenas, de diversas culturas y distintos idiomas, con un sentido de camaradería que pocas veces he sentido”.
El tren inicia su recorrido cruzando la Reserva Nacional de Salinas y Aguada Blanca, que protege ecosistemas de montaña, así como flora y fauna andinas. Por las ventanas se divisan manadas de alpacas y vicuñas. Entonces varios pasajeros corren al coche de observación para tomar fotos. El volcán Misti aparece en la escena, con una silueta tan distinta a la que usualmente se aprecia en las fotos ya que estamos, literalmente, “a la espalda” de este gigante durmiente. Es señal inequívoca de que ya llegamos a la región de Arequipa y que, además, nuestra expedición terminará en unas horas, pero no sin antes disfrutar del último almuerzo a bordo.
Viajar en el Andean Explorer es una aventura de lujo que todos debemos realizar en algún momento de nuestras vidas. Ya en la estación, a la hora de descender del tren, recuerdo que alguna vez Anthony Bourdain dijo: “El viajar te cambia. A medida que avanzas en esta vida y en el mundo, modificas las cosas ligeramente, dejas huellas, por pequeñas que sean. A cambio, la vida y los viajes te dejan marcas. La mayoría de las veces esas marcas son hermosas, ya sea en tu cuerpo o en tu corazón”. Entonces bajo por la escalerilla del tren y sonrío satisfecho.
Tours Opcionales
Previa coordinación con su Tour Operator, el tercer día de recorrido (sábado) hay las siguientes opciones:
*Antes de llegar a Arequipa, visite las Cuevas de Sumbay, que albergan el arte rupestre (entre 6,000 y 8,000 años de antigüedad) de los primeros seres humanos que habitaron la
sierra peruana.
*El viaje en tren, en lugar de llegar hasta Arequipa, concluirá en el km. 93 para los pasajeros que desean realizar la excursión al Cañón del Colca, hábitat del cóndor andino gigante.